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María José Rincón
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El español dispone de ciertas partículas muy útiles para la formación de nuevas
palabras aunque, con frecuencia, nos juegan malas pasadas. Las normas
ortográficas establecen que estos elementos han de escribirse soldados a la
palabra a la que se unen para crear un nuevo término. Sin embargo los
encontramos usados incorrectamente con frecuencia en titulares como este: "Los
súper mercados continuarán atendiendo a sus clientes". Al parecer se produjo un
cruce entre súper, forma coloquial creada por acortamiento, y un mal manejo
ortográfico del sustantivo supermercado. Es verdad que las voces de reciente
creación o difusión pueden plantearnos dudas. Esta falta de práctica explica la
aparición de distintas formas gráficas para una misma palabra, como ha pasado en
estos días con los términos que contienen el elemento compositivo narco-. En uno
de nuestros diarios leíamos un escalofriante titular: "El país bajo amenaza de
convertirse en un narco estado". Este productor de palabras presenta dos
significados concretos. Puede tratarse de la acepción 'sueño', que encontramos
en palabras como narcótico, narcotizar o narcolepsia, o de la acepción 'droga',
que ha generado toda una familia de palabras, una familia de mala reputación
donde las haya: narcotráfico, narcodólar, narcotraficante... Todos sus miembros
siguen la misma regla: elemento compositivo y palabra van soldados. Solo si la
palabra a la que se une empieza con mayúscula es necesario recurrir al guión,
como hacemos siempre con los prefijos: narco-Estado. Los profesionales del
periodismo escrito deben familiarizarse con su escritura correcta porque, cada
día más, estamos abocados a convivir con estas palabras y con las realidades que
nombran.
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